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(Susana Lópe Chicón) A Excalibur no le ayudó para nada tener el nombre mágico de la espada del Rey Arturo, en esta historia con otros reyes aún más poderosos no hubo oportunidad para este perrito de carita noble, que lo único que hizo fue querer mucho a sus dueños y dar la vida por los demás. 

En esta historia no ha habido magos que lo defendieran pero si, el hada mala que dictaminó llevarlo a la muerte. Una muerte sin remedio de la que podría haberse salvado solo con unas pruebas que confirmaran si era portador del virus o solo era portador de cariño. 

Y menos mal que no se dictaminará matar también a su dueña acusándola de alguna supuesta imprudencia en el desempeño de su trabajo, que aparte de estar rodeado de peligrosidad no creo que esté pagado con nada. La pobre enfermera dedicada a cuidar de sus enfermos ha sido víctima por ambas partes, una por contagiarse y otra por perder al único ser que realmente le ha demostrado el cariño desinteresado y ha lamido sus manos cansadas de la tarea diaria. 

Mientras sus propios vecinos limpian puertas y tocan con escrupulosidad todo aquello que sirve de acceso al edificio, su mascota, sin la doble intencionalidad de los que nos llamamos humanos, la recibió dándole caricias, que fueron correspondidas sin saber que sería las que llevarían al animal a la muerte. 

Una muerte  tranquila nos dicen, quien sabrá que fin ha podido tener el animal nunca nos enteraremos. Su dueña, aun convaleciente ni siquiera podrá saber donde llevarle una flor porque ya no hay ni una piedra donde quede clavada su memoria. 

Lamentablemente y gracias al hada malvada y siniestra que enebra los hilos propicios para ella en cada historia, solo recordaremos con el tiempo que las víctimas siempre son las más débiles. 

Tu recuerdo Excalibur quedará en el corazón de todos aquellos que amamos a los animales y entendemos que actos así, no dejan de ser una canallada contra los seres más indefensos.

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