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(Elizabeth Santángelo) Todas las noticias sobre la epidemia del Ébola hacen que las poblaciones en el mundo estén a la expectativa y en una actitud de espera inquietante, casi paralizante, observando cuál puede ser la próxima información de un caso denunciado a las autoridades sanitarias.

“Los mitos y los rumores sobre el brote de ébola en África Occidental dificultan la labor de los médicos y provocan en ocasiones pánico innecesario en todo el mundo”. http://www.huffingtonpost.es/2014/08/10/mitos-ebola_n_5661467.html

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¿Cuál es la actitud que puede ayudar en estos momentos tan cruciales?

Uno de los factores que más debe atenderse individual y colectivamente es el temor a contraer la enfermedad y propagarla.

El temor al contagio y sus consecuencias es más pernicioso que cualquier otro peligro.

Mary Baker Eddy en Ciencia y Salud, ilustra un ejemplo de alguien que se dejó llevar por el temor latente cuando en el Siglo XIX se declaró la epidemia del cólera.

“Se hizo creer a un hombre que en la cama en que dormía, había muerto un enfermo del cólera. Inmediatamente se le presentaron los síntomas de esa enfermedad, y el hombre murió. Lo cierto fue que no se había contagiado del cólera por contacto material, porque ningún enfermo del cólera había estado en esa cama.

Ella discierne que “la enfermedad, lo mismo que otras condiciones mentales, proviene por asociación de pensamientos, evocando el temor que crea la imagen de la enfermedad y su consiguiente manifestación en el cuerpo”.

Este ejemplo es una confirmación de que la salud es una condición de la Mente y no de la materia o cuerpo.

La prevención para mantener la salud, no solo es recurrir a medios de higiene y seguridad pública, sino también es esencial qué clase de pensamientos la están acompañando.

A medida que pueda demostrarse mayor dominio, no dejándose llevar por el caos o pánico, mayores posibilidades hay de estar sanos e inmunes a cualquier epidemia.

A medida que disminuya el temor al contagio, puede evidenciarse que la salud originada por los buenos pensamientos y el amor son contagiosos y transmisibles de uno a otro y aún expandirse.

La oración que surge del corazón sincero, de la unidad y vínculo con el Divino, es también una herramienta útil en estos casos.

¿Qué hacer cuando estamos en un ambiente oscuro?

Encender una luz. Del mismo modo aportamos inspiración y esperanza de salvación para iluminar a nuestro mundo.

El aislamiento e inmunidad consiste en no dejarse contagiar por la información alarmista que genera temor y caos.

La manera de defenderse y estar a salvo, se encuentra en el interior de cada uno.  Protegerse de pensamientos tales, como aceptar el riesgo de contagiarse de la enfermedad y sufrir sus consecuencias.

Esta actitud aporta tranquilidad y confianza a los demás.

Hoy es el Ébola, mañana tal vez, otro enemigo. Uno mismo puede cooperar no solo con las reglas de higiene previstas como ciudadanos comunes, sino también esterilizarnos del temor e inmunizarnos ante el riesgo al contagio, al vencer a un enemigo en acecho:  el miedo a todo.

 

Elizabeth escribe acerca de la salud y el bienestar desde una perspectiva espiritual, y es Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en Argentina.

Facebook: Elizabeth Santángelo de Gastaldi

e-mail: Argentina@compub.org

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