(Por Moisés Palmero Aranda Educador Ambiental) Joseph, Kristin y ahora Leonardo nos han impedido realizar siete actividades por los Espacios Naturales Protegidos durante la semana de la Educación Ambiental y esta, en la que estamos, por los humedales. Solo una pequeña tregua nos ha dado el tren de borrascas para hacer dos limpiezas de playas, una en Adra, con PROMAR, donde en una hora recogimos 100 kilos de basura, y otra este domingo en la Rambla Morales, donde las asociaciones conservacionistas y ecologistas recogimos la friolera de 450 kilos.
Estos detalles de mi agenda me sirven para justificar mi estado de desánimo y cabreo. Mira que intento ser positivo, pero la carita verde de la semana pasada se ha ido enrojeciendo e inflándose con el paso de los días. Si no fuese porque desfogo poco a poco, opinando donde me dejan, a riesgo de parecer un bocachancla desinformado, terminaría explotando como una olla a presión, tratándome una úlcera o comiéndome las uñas por ansiedad. Así que a todos aquellos que me dicen lo de “¿por qué no te callas?”, les respondo que es solo por una cuestión de salud mental, por evitar recurrir a una recortada y porque es menos cansado y más barato que el gimnasio, las clases de yoga o cuidar de un perro.
A las rachas huracanadas que me tienen la cabeza trastornada, la falta de contacto con esos grupos de chavales que me recargan las pilas y me hacen sentir útil y la comprobación del deplorable estado de conservación de nuestros humedales, mares y playas, le tengo que sumar la sensación de derrota que me han dejado todos aquellos profesionales (de profesión, que se dedican a ello) con los que me he cruzado esta semana.
Entre otras muchas cosas me han confirmado que el mejor y más longevo programa de Educación Ambiental que hay en España, ALDEA, está siendo desmantelado, desdibujado, y desprestigiado poco a poco; que hay colegios de segunda o tercera clase, donde las inversiones no llegan nunca e ir a trabajar en días como los vividos estos días es un riesgo, una insensatez y un suplicio para alumnos y profesores; que en los despachos de nuestros dirigentes se sigue negando el cambio climático y asociando la pérdida progresiva y acelerada de nuestras playas a la falta de inversiones de las administraciones que no son de su partido; que los Jardines Botánicos y Micológicos se están cerrando, abandonando y dejando morir por no contratar nuevos trabajadores tras la jubilación de los actuales; que la mala gestión de nuestros residuos se quiere enmascarar con campañas de voluntariado para “Liberar basuraleza” organizadas por los que deberían estar reduciendo, recogiendo y reciclando los residuos; que la maravillosa economía circular de nuestros invernaderos es solo un engañabobos; que han decidido fiscalizar la basura que depositamos en los contenedores, poniéndole un candado electrónico a los mismos, como si nosotros fuésemos los culpables del fallo del negligente sistema de gestión; y que en su afán de multiplicar beneficios urbanísticos van a permitir construir sobre un terreno contaminado de radiación nuclear, a escasos metros de la costa que está desapareciendo y, por tanto, sin ninguna garantía para los ciudadanos a los que seduzcan y engañen con bonitas campañas de marketing para vivir allí.
Esta semana, si la lluvia lo permite, tocará tragarnos videos de los políticos soltando pajaritos en las Albuferas de Adra, presumiendo sobre la impresionante biodiversidad de Andalucía, mientras las están dejando morir, cacareando acciones de maquillaje, pero sin ir al origen del problema. No pierdan mucho tiempo en ellos, son iguales todos los años.
Aprovechen para ir a visitar a los humedales y ver todo lo que no dicen sobre su estado, o vayan a pasear por las playas antes de que pasen las máquinas de limpieza y echen las arenas para disfrutar del verano. Verán qué tipo de residuos nos escupe la mar y, sin necesidad de informes y grandes estudios científicos, comprenderán de dónde vienen, la inoperancia de nuestro sistema de gestión y la acelerada e imparable pérdida de nuestras costas.
Dicho esto, ya más relajado, me voy a desayunar y a seguir aprendiendo a mirar la parte medio llena de la botella.
















