(Por Mariano Cabrero Bárcena ) ¿Una potencia defensora del mundo libre? Y es que vemos que prioriza -sin disimulo el- interés del ‘petróleo’ por encima de todo. Una operación militar extranjera que sirve para capturar a un brutal dictador, pero no para cambiar el régimen. Una marxista al frente de un Gobierno que acepta ser tutelado por el archienemigo yanqui. Unas élites económicas que prefieren la continuidad del régimen intervencionista chavista a la llegada al poder de una conservadora partidaria del libre mercado.

Una Unión Europea que en el asunto venezolano se arroga una autoridad moral de la que carece tras años de pasividad y complacencia y que está condenada hoy a la irrelevancia geopolítica. Y una OTAN convulsionada por la ambición de Estados Unidos de ampliar su hegemonía geográfica a Groenlandia tras la intervención en Venezuela. La captura de Nicolás Maduro en Caracas hace una semana, en una operación tan audaz como quirúrgica, ha sacudido los cimientos de Occidente y puesto en evidencia las contradicciones y carencias de las democracias liberales que lo representan. Para el regocijo de sus grandes enemigos: Rusia y China.

¿Qué impide ahora que ellos también aspiren a ampliar sus áreas de influencia? Bienvenidos a esta nueva era, la de las potencias depredadoras, en la que impera la ley del más fuerte y una nueva forma de imperialismo extractivo. El multilateralismo, la cooperación internacional para hacer frente a los desafíos comunes, el libre comercio y todas las reglas que desde la Segunda Guerra Mundial han servido para que los países, independientemente de su tamaño, avanzaran económicamente por medios pacíficos parecen ser hoy una cosa del pasado, y esto no es bueno para nadie…

¿Se puede celebrar y lamentar a partes iguales lo ocurrido en Venezuela? ¿Alegrarse de que el pueblo venezolano se haya librado por fin de un dictador brutal que ahora va a ser juzgado y probablemente encarcelado y estar incómoda por el peligroso precedente que sienta la intervención de EE. UU. en el país caribeño al margen de la legislación internacional y sin el consentimiento del Congreso, como manda su Constitución?

Es un dilema que los hechos posteriores solo han embarrado todo lo que parecía bien hecho. La esperanza de que la intervención militar acabara con la dictadura represora y cleptómana chavista se ha visto frustrada por los planes de Washington, que apoya la continuidad del Gobierno bolivariano porque sirve mejor a sus intereses económicos. Una decisión que supone un duro golpe para la mayoría de los venezolanos tras años de dolor y heroica resistencia.

La Coruña, 12 de enero de 2026

Mariano Cabrero Bárcena es escritor