los-apostoles-dormidos(Antonio Serrano Santos) Este artículo no pretende ser una simple exposición religiosa, de la que también puede tomar algo. Es un estudio, un análisis de una de las más problemáticas situaciones psicológicas del ser humano. Psicológicas y existenciales, de las que dependen, muchas veces, la misma vida y destino del hombre, en todos los aspectos.

Vamos a intentar, con humildad y valentía, más bien, osadía, penetrar en lo más hondo del misterio del hombre y del mismo Dios. Puede que esto no sea apto para no creyentes, pero sí les puede dar, quizás, alguna pista para, si quieren, libremente, adentrarse con nosotros.

La duda, la duda existencial, psicológica, filosófica, religiosa, ha sido y es el caballo de batalla de todas las guerras internas y externas de los hombres. La duda como paradoja, la duda como contradicción, como angustia y agonía, como desesperación, como suicidio de la verdad o certeza.Son inacabables los resortes que mueven en las entrañas del corazón y de la mente al pobre ser humano. La duda que coharta la libertad o la condiciona o la elimina. Cuando Judas dudaba y tardaba en traicionar a su Maestro, pero ya tenía el propósito de entregarle, Jesús le apremia: “ Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. Cobardía, nocturnidad, alevosía. Se mereció, como todos los cobardes que no quieren salir de sus dudas por motivos inconfesables, mereció esta sentencia: “¡ Más le valiera no haber nacido!”.

Pongamos el ejemplo paradigmático más misterioso de la Historia de la Humanidad y de la religión. Vamos a analizarlo con infinito respeto. Vamos a mantenerlo meditándolo en nuestro corazón como hacía María, no sólo mentalmente, friamente. Nos va a servir, quizás, para ayudar e intentar asimilar nuestras dudas, enfrentarnos a ellas, y salir airosos como el protagonista de esta escena, nosotros, desde la fe  y, también, desde la pura psicología y necesidad humanas: La oración de Jesús en Getsemaní.

Jesús es, para los creyentes, Dios y hombre. Tiene voluntad divina y voluntad humana. Durante toda su vida pública no cesa de asegurar y recordar a sus discípulos que tiene un mandato del Padre: dar su vida por la salvación de los hombres. Para traerles la vida eterna. Y mediante su pasión, muerte y resurrección. Hasta desea ardientemente que llegue ese momento. A Pedro le recrimina duramente cuando éste le dice que” ¡ lejos de tí, Señor, esas cosas!”. “Apártate de mi, satanás, que no tienes los pensamientos de Dios sino los de los hombres!”. Achaca a Satanás esas palabras de Pedro. Y esa será, en adelante, la acosadora tentación del enemigo a su naturaleza y voluntad humanas.Aquí llegamos ya a lo que,junto con la Resurrección, es el misterio más importante y definitivo de la fe y de la psicología humanas. El más desconcertante y contradictorio. Llegado el momento deseado de cumplir la voluntad del Padre, Jesús se niega. Así de claro.  “¡Padre, aparta de mi este cáliz!” ¿ Cómo es posible? ¡Ya no quiere!. “ Padre, todo te es posible”. El máximo argumento y petición, al parecer, incontrastable. Parece que el Padre no se puede negar ante un argumento infalible. Dios lo puede todo. Pero el amor y misericordia de Dios con nosotros parece más grande que su poder de librar al Hijo de ese cáliz que, en sus planes  incomprensibles de amor, es la liberación del las dudas y miserias humanas. La voluntad humana de Jesús-hombre asume la voluntad humana de todos los hombres. No queremos morir, no queremos sufrir, y Dios puede hacernos superar ese dolor, ese cáliz de amargura que tenemos y nos espera a todo ser humano.

Ante esta perspectiva inevitable, Jesús entra en agonía, ora más intensamente y, abatido, rostro en tierra, en la máxima humillación, sudando sangre  de puro dolor físico y espiritual, (“mi alma está triste hasta la muerte” no era exageración),suplica por tres veces: “¡Padre, aparta de mi este cáliz!”. Va y vuelve buscando el consuelo y compañía de sus amigos discípulos, aletargados por la tristeza y el sueño. Esas tres agónicas peticiones duraban mucho tiempo con pausas entre ellas para ver si sus amigos querían o podían ayudarle a pasarlas. ¿Tan tremenda y horrible era lo que Él tenía que pasar y asumir de la Humanidad de todos los tiempos y que Él eso sí lo sabía? La inmensa crueldad, las matanzas, genocidios, de inocentes, de naciones enteras destruidas, las traiciones de los suyos, los escándalos, el horror en todas sus formas… De todo eso tenía que hacerse como responsable de ver el uso que hacen los hombres del supremo bien que les dio :  la libertad. Del desprecio al amor y misericordia de Dios, de Él.

“¡ Padre, si no es posible que pase este cáliz sin que yo lo beba, no se haga mi voluntad sino la tuya!”. Aquí hemos llegado al centro de la vorágine del misterio que nos arrolla a todos llevándonos con Jesús. La fe, aquí, tiembla. Jesús duda. “ Si no es posible”. Casi se desespera. No sabe. ¿Pero Jesús-Dios no lo sabe todo? Cómo es posible que pregunte “ si no es posible”? ¿ No lo sabe? ¿No lo sabe Él todo? ¿ Qué pasa aquí? ¿Ha perdido sus poderes o ha renunciado a usar de ellos  como sucederá a lo largo de toda su pasión? Con razón en algunos códices antiguos suprimieron esta escena por temor a que se perdiera la fe al mostrar a Jesús en toda la cruda realidad de su humanidad. ¿ Tanto se quería identificar Jesús con las dudas y dolor de los hombres? “ Para que el mundo conozca que Yo amo al Padre y hago según su mandato”, dijo en la última Cena a sus Apóstoles. “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo Unigénito no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. Dice el apóstol Juan.

¿Entonces, todo el misterio de la duda y de la pasión de Jesús  se resuelve e ilumina con sólo el amor de Dios a los hombres, el amor de Jesús-Dios a toda la agónica, triste y llena de dudas de la Humanidad? Y para que no nos quedase ninguna DUDA  de su amor, del amor del Padre por sus criaturas, y del mismo Jesús, Jesús muere crucificado. Esa era la máxima duda. Tan inmensa y verdadera es la solidaridad y el asumir los dolores, la pasión, las dudas angustiosas de los hombres por parte de Jesús, tan identificado con nuestras dudas y dolores, tan identificado con el hombre, que las vive con una decisión de amor humano y divino.

Queda el misterio sin resolver; pero no, el infinito amor humano y divino de Jesús por nosotros. Los  males de la Humanidad y la misma pasión y muerte de Jesús, no puede achacarse a maldad de Dios, porque seria una contradicción un Dios malo si la idea de Dios y su esencia es la bondad, el amor; o un Dios bueno y malo a la vez, un absurdo.De ahí que el pueblo sencillo e intuitivo siempre dice, ante un mal inexplicable: “¿ Por qué Dios permite esto?” Pero no dice “¿Por qué Dios quiere esto?” Entre el misterio, que lleva una carga y una finalidad de amor y resurrección y la contradicción, preferible es el misterio, porque el misterio nos lleva al amor, y la contradicción a la nada. Podemos, pues, aventurarnos a aceptar el cáliz del dolor, de la agonía y de la muerte, con la fe y la esperanza en esa vida eterna feliz por la que, para dárnoslas, Jesús, aceptó beber su cáliz hasta la última gota por puro amor al  Padre y a los hombres. De la intensa oración al Padre, Jesús salió tan fortalecido que se enfrentó a los que venían a prenderle: “¿A quién buscáis?” “ A Jesús Nazareno”. “Yo soy”. Respuesta firme, tan heroica e inesperada, que retroceden y caen. “¿ A quién buscáis?” Repite, sin miedo. “ A Jesús Nazareno”, tartamudean ellos. “ Os he dicho que Yo soy”. Reafirma con increíble rotundidad.

Cuando vengan nuestras dudas, nuestra agonía, nuestra muerte, en nuestra busca , alevosamente, ya podemos decir, unidos a Jesús en su oración al Padre:  “Yo soy”, aquí estoy. Sin miedo, con amor, con infinita confianza.Y hundirnos, gozosos, en el misterio de la verdad, sin dudar, del amor de Dios en Jesús. Eso, o seguir en la angustiosa duda existencial, religiosa, psicológica, filosófica, sin salida.

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