(Antonio Serrano Santos) Este artículo va dirigido, principalmente, a aquellos cristianos que , teniendo una  fe sencilla y buena voluntad, le surgen , lógicamente, dudas. Como decía Chesterton: “ Cuando entramos en la iglesia, nos quitamos el sombrero, pero no la cabeza”. Claro que tampoco puedo impedir que lo lea quienquiera. También es para intentar afianzar esa fe  sin grandes pruebas teológicas, sino con razonamientos sencillos, de sentido común, casi, de observación y deducción al alcance de cualquiera, como cuando se dice: ¡Es verdad, no me había fijado!

           Hay muchas escenas y textos bíblicos, evangélicos, sobre todo,  de gran realismo y credibilidad que, con el avance de la exégesis moderna, van dejando al descubierto lo que hay de realidad e histórico, distinguiéndolo de lo simbólico y mítico. La ““naturalidad” con que se narran las escenas y las palabras, enamora al alma creyente y sencilla, también, por la sencillez con que hace intuir y ver esa realidad que alimenta su fe, su esperanza y su amor.

        Hay escenas y textos en los evangelios que sin necesidad de hacer un acto de fe, ni siquiera por las definiciones dogmáticas, se deduce claramente la verdad o la realidad de lo que narran y creemos. Pura psicología, casi método deductivo a  lo Cherlok Holmes, basado en la observación y análisis de detalles desapercibidos por otros.

         Cuando le dice al ángel : “¿Cómo podrá ser eso, pues no conozco varón?”. Conocer, en el medio judío, significaba tener relaciones sexuales. Preguntar cómo podrá ser “eso” implica dos posibilidades: ignorancia de cómo nacen los niños o propósito implícito de no tener relaciones sexuales. Lo primero hay que descartarlo porque en un pueblo muy pequeño con viviendas abiertas a todos los vecinos, sin hospitales, el embarazo y parto era tan a la vista que difícil sería que una chica, vecina, no lo supiera. Pero es que, además, la joven María, al enterarse de que su parienta, ya anciana o muy mayor para tener hijos, estaba en cinta de seis meses, según el ángel, noticia que ignoraba, y nada raro por vivir a más de ciento cuarenta kilómetros de Nazaret, en Ain Karín, se apresuró,” festinans”, dice el evangelista, y demostró su valentía y juventud y amor, acudiendo a atender, al menos, en esos tres últimos meses, los más críticos y más para una mujer mayor, haciendo todos los menesteres de casa y, sobre todo, ayudarla a parir y, nacido el niño, dice el evangelio, se volvió a su casa. Fue y volvió sola, aprovechando, tal vez, alguna de las caravanas que iban y venían. Claro lo dice el evangelista: pasados como unos tres meses( seis y tres nueve, embarazo y parto), se volvió a su casa. Hay que descartar, por tanto, su ignorancia de  “¿cómo podrá ser “ eso”?Esta es la importancia del contexto. 

               Segunda posibilidad:  ¿…pues no conozco varón?. Para poder ser “ eso”: concebir  y dar a luz un hijo. Conozco es un tiempo presente. Pero ¿ excluye el futuro? “ ¿ Concebirás y darás a luz un hijo”, si ahora no, más adelante, sí? La respuesta de María sería de una ingenuidad absurda, al no pensar que “ eso” podría ser en el futuro inmediato, si no incluyera en su respuesta una  decisión ya tomada de “ no conocer varón” ni ahora ni en el futuro. Por lo que parece que pone al Angel, y por tanto a Dios, con aparente audacia, esa condición para aceptar el anuncio, la voluntad de Dios. Ahí se deduce su entrega a Dios, a su amor, para siempre, antes que a ningún hombre, en cuerpo y alma. Es la razón de las futuras vírgenes en la historia de la Iglesia. 

              Esta jovencita judía, no tendría más de dieciocho años, según la costumbre de casarlas entre ellos, muy jóvenes, no ambiciona, en su humildad increíble, ser la madre del Mesías, Hijo de Dios, que apenas hace caso de que eso es lo que le dice el Angel, cosa ambicionada por las casaderas de Israel, de ahí sentirse malditas las estériles, o ser un oprobio( así dijo Isabel). Y, cuando el ángel le explica cómo “ podrá ser eso”, el aparente “enfrentamiento” con el ángel y condicionamiento a Dios, desaparece de una manera tan fina, elegante y maravillosa y humilde, que hasta al propio mensajero lo dejaría admirado: no dice he aquí la sierva del Señor, hágase en mí según su voluntad; no. Dice:” hágase en mi según tu palabra”. Zacarías desconfió de la palabra del ángel pidiendo una prueba:”cómo sabré “ eso”, que indignó al mensajero divino y le castigó. María, casi una niña, pregunta: ¿ Cómo “podrá” ser eso?”. Ella no desconfía de la palabra angélica, expone una condición, pide una aclaración. “Según tu palabra”.  La que ya era superior en dignidad a los ángeles, somete, humildemente, su criterio y sus dudas a la fiabilidad de las palabras del  ángel. Personalmente, se pone a un nivel inferior. ¡Qué calidad humana, qué lucidez de entendimiento, qué candor y profundidad de análisis de esta única mujer, una niña, tendría para pensar, preguntar y analizar de ese modo lo que estaba ocurriendo y que le afectaba a ella directamente! Hasta supo, adivinó y profetizó el alcance de su decisión:“ Me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. Ya estaba claro lo que diría, luego, el evangelista Lucas: “ Y María guardaba todo esto meditándolo en su corazón. He ahí la importancia del contexto en este paso del Evangelio.

         

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