(Eduardo Madroñal Pedraza) Se crea la mayor zona económica del mundo en Asia-Pacífico. China, Japón, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN en inglés) han firmado, en la cumbre de noviembre en Bangkok, un tratado de gran significación económica no solo para el sudeste asiático y la región Asia-Pacífico sino también para el resto del mundo. Significa la creación de la mayor zona económica de libre comercio del mundo. Con la muy llamativa ausencia de Trump, presidente de Estados Unidos, lo que hubiera sido impensable hace pocos años.
En el tratado, aprobado y llamado Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés), participan 15 países de Asia y Oceanía -los 10 miembros de la ASEAN junto con China, Australia, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelanda-, ya que India, participante en todas las negociaciones previas, ha decidido no firmar el acuerdo de momento por razones de “interés nacional”, es decir, el déficit actual en su balanza comercial. Si el tratado se ratificara, por los respectivos parlamentos nacionales el próximo año, podría llegar a ser la mayor zona de libre comercio del mundo. Este gran acuerdo económico estratégico ya fue concebido por China en 2012 en oposición a otro tratado comercial -el TPP- impulsado por Estados Unidos en la época de Obama, y que posteriormente Trump decidió abandonar.
La futura RCEP abarcaría al 47% de la población mundial, es decir unos 3.400 millones de habitantes, y casi un tercio del PIB mundial -el 32,2%-, lo que suponen 20,6 billones de euros. También sumaría un tercio de la inversión global y del comercio mundial. Es un proyecto que afectaría a un tercio de la economía del globo y que supondría un mercado de casi la mitad de la población del planeta. Además de reducir los precios de importación y exportación, conllevaría la unificación de las normas comerciales a nivel regional, y simplificaría los trámites para los productores y los distribuidores. Los firmantes de la RCEP han declarado que “obviamente India sería bienvenida si en el futuro decidiera sumarse.
Ante este avance en las relaciones económicas autónomas entre los países de Asia-Pacífico -un área que sin embargo Estados Unidos considera de máxima importancia geoestratégica en su objetivo de mantener su hegemonía mundial y contener el ascenso de China- EEUU ha dado pasos contradictorios. Trump se ha negado a asistir a la cumbre -lo que ha recibido una muestra de rechazo inmediata días después por los países de la ASEAN, con la no asistencia de sus presidentes -y el envío de sus ministros de Exteriores- a una cumbre entre la ASEAN y EEUU.
Por el contrario, el mismo Trump ha invitado a los líderes de la ASEAN a una “cumbre especial” a celebrar “en casa”, en EEUU a principios de 2020. Trump no va a dejar de presionar a los países de la ASEAN. De hecho, el pasado mes de septiembre EEUU organizó las primeras maniobras marítimas conjuntas con la ASEAN. Y la presión económico-militar estadounidense la está aplicando también a sus principales “aliados estratégicos” en el Extremo Oriente, Japón y Corea del Sur. Se acaba de conocer que EEUU ha pedido a Japón que quintuplique el dinero que destina a cubrir los costes de las bases militares estadounidenses en territorio nipón –pasar de 1.800 a 9.000 millones de dólares, el mismo incremento que pide a Corea del Sur, de 1.000 a 5.000 millones.
Ante la intensificación por parte de la Administración Trump del enfrentamiento de EEUU contra China -a la que ha declarado una guerra comercial que ya deja notar sus nocivos efectos en el panorama económico mundial-, la decisiva región Asia-Pacífico -la más dinámica y de mayor proyección demográfica y económica del globo- tiende a escapar del control de la superpotencia norteamericana. China sigue adelante con su crecimiento económico y con proyectos como el de la Nueva Ruta de la Seda, a los que está consiguiendo atraer a más y más países asiáticos.
Pese al veto de Washington y ante el proteccionismo de Trump, los países de la ASEAN -Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam- se han ido acercando a China. Un ejemplo es que Pekín se ha comprometido durante la cumbre a cerrar un código de conducta con la ASEAN para evitar una escalada de las tensiones en las aguas de la zona. La ASEAN suma 650 millones de habitantes, con un PIB en 2018 de 2,5 billones de dólares -y con la perspectiva de alcanzar los 4,7 billones en 2025- en proceso de convertirse en la cuarta potencia económica del mundo.
Este cambio en las relaciones económicas internacionales se integra en el convulso periodo que vive el orden global en su camino hacia la multipolaridad. Un periodo de transición de un orden unipolar a otro multipolar que se está escribiendo, y cuyo resultado dependerá de varios factores, desde las decisiones que vayan adoptando la superpotencia norteamericana, y las potencias emergentes, así como la lucha del conjunto de los países y pueblos del mundo.
La superpotencia norteamericana vive su ocaso imperial, y, por el contrario, otros centros de poder mundial emergen de forma incontenible exigiendo ser tratados como iguales. El hegemonismo retrocede, y avanza la lucha de los países y pueblos del mundo por su soberanía y su desarrollo independiente.

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