(Antonio Serrano Santos) En la geografía universal es frecuente la enemistad, a veces, hasta el enfrentamiento y la guerra, de unos pueblos con los pueblos vecinos. “ Porque los samaritanos no se tratan con los judíos”, dice el evangelista explicando la razón de la extrañeza de la samaritana al pedirle un judío agua. Y los judíos, peor aún. Hasta el extremo de acusar a Jesús de endemoniado y samaritano. Los samaritanos no admitían al judío que se atreviera a pasar por Samaría, en su camino de Jericó a Judea. En una ocasión que rechazaron a los discípulos a su paso por allí, éstos dijeron a Jesús”¿ Quieres que hagamos bajar  fuego contra ellos y los consuma? ”. “ No sabéis de qué espíritu sois”. Les dijo El.  Existía entre ellos una animadversión enconada político- religiosa desde que regresaron del destierro de Babilonia.

             Todos esos pueblos de la Historia antigua y actual siempre aducen sus razones olvidando aquello que dijo Machado: “ No existe camino para la paz. La paz es el camino”. En esta tesitura se entiende la pregunta de la samaritana al judío Jesús: “ ¿Cómo tú, siendo judío, me pide de beber a mi, mujer samaritana?”. Samaritana y, además, mujer, tan depreciada socialmente. “ Sus discípulos, judíos, se maravillaron de que hablara con una mujer( y a solas). 

         


      Esta mujer, como casi todos sus paisanos, con su vida desordenada, su indiferencia religiosa  y agresividad verbal, por el tono de su pregunta, ante la duda e ignorancia de la verdad religiosa, plantea el problema y la razón de su postura, al “ judío Profeta: “ Nuestros padres dicen que hay que adorar a Dios en este monte( el Garizín) y vosotros decís que en Jerusalén”. Como diciendo :  ¿En qué quedamos? El judío, hombre de Dios, le explica dónde y cómo hay que “ adorar” al Padre. Ella le dice, como dudando y rechazando la opinión, al fin, de un judío: “ Sé que el Mesías, el llamado Cristo, está para venir. Cuando llegue, El nos lo explicará todo”. “ Soy Yo, el que habla contigo”. Esta rotunda afirmación,, acompañada de la adivinación de su vida y sus misteriosas palabras del agua viva y vida eterna, la dejan perpleja y corre a comunicarlo a sus paisanos que la creen no sólo por sus palabras sino por su trato con El, a quien invitan un par de días y afirman que “ éste es el salvador del mundo”.

               Entre los cristianos separados, el Ecumenismo es el resultado del conocimiento progresivo del don de Dios y de Quién es el que nos pide de beber. Y entre los no creyentes, indiferentes y católicos no practicantes, es ese desconocimiento, explicable o no, del don de Dios y de Quién es el que pide de beber,  lo que los mantiene en ese estado.

              Este “ dame de beber” nos recuerda la exclamación angustiosa desde la cruz: “¡Tengo sed!”. Exclamación que hizo a la Madre Teresa, al oírla insistentemente en su interior, y a otros muchos como ella, lanzarse al mundo para apagar esa sed divina. Sed de que el hombre se deje amar   y sed del amor del hombre, sus criaturas. Dios ama y quiere ser amado. Y no puede ni quiere obligarlos porque los hizo libres. Pero su sed desde la cruz es el reclamo amoroso. “ Cuando Yo sea levantado en alto, atraeré a todos hacia Mi”. Sed de Dios y sed del hombre. Clama el salmista: “ Te sitit anima mea. Desiderat te caro mea, sicut terra sitiens sine aqua”: “ Mi alma tiene sed de ti. Mi carne te desea como la tierra sedienta, sin agua”.

             Cuerpo y alma viven y se mueven en esa “ nueva dimensión” como el pez en el agua, como el embrión humano en el seno materno; en el gozo inexplicable de la experiencia de Dios, de la amistad con Dios, del amor infinito de Dios. Un comienzo de vida eterna y de resurrección para el alma y para elcuerpo. “ ¿No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” Dijeron los desesperanzados discípulos de Emaús . “ Lo reconocieron al partir el pan”. Los cristianos separados, los indiferentes, los católicos no practicantes, los no creyentes, podrían encontrar y recuperar la esperanza, pueden arder sus corazones, “ si conocieran el don de Dios, el Espíritu Santo de Dios, el amor de Dios que une, perdona y santifica,  y Quién es el que les dice: “ dame de beber. 

             Con San Agustín, en sus “ Confesiones”, que dice: “ ¿Por qué escribo estas cosas si Tú las sabes? Las escribo para despertar mi afecto hacia Ti y el de los que las lean”. Pues eso.