(Jmm Caminero) Ciertamente, estos trozos de palabras, no son sermones, ni laicos, ni religiosos, pero si contienen algo de ese subgénero de la prosa, es decir, intentar una introspección en el sujeto y en la realidad, para intentar que el ser humano avance en verdad y bondad y racionalidad y prudencia.

– No le interese a usted mi opinión, sino si ésta es verídica, verdadera, bondadosa, útil, racional, prudente, argumentada. Mi opinión apenas tiene importancia, es una más entre muchas, solo tiene valor el concepto o enunciado que es real-verdadero-bondadoso-racional…

– ¿¡Cómo curar heridas del pasado, cómo curar heridas del presente, cómo curar temores del futuro para que no se conviertan en heridas!?

– ¿Sabe usted lo que son los “Justos entre las Naciones” y “El Atrio de los Gentiles”? ¿Quizás, para sobrevivir la especie ha aprendido a percibir lo negativo y malo, antes que lo bueno. Una mancha negra es más fácil ver en un cuadro relleno de colores. Somos conscientes del mal y de la maldad humana, pero no tanto del bien y de la bondad humana. Estimamos que hay más bien en el mundo que mal, porque si no ya habría desaparecido… ¡Incluso el que hace un mal, no está todo el día haciendo el mal, sino un tiempo del día, el resto realiza actos buenos o al menos, indiferentes!

– Diario se de adolescentes de Centroeuropa en la mitad del siglo veinte: El de Renia Spiegel, el de Rutka Laskier, el de Anna Frank, Carry Ulreich, Miriam Wattenberg, Otto Wolf, David Slerakowiak, Etty Hillesum, Petr Ginz, Eva Heyman, Helga Weissová. ¿Existirán otros, o deberían existir en otras zonas del mundo, producidos en tiempos de genocidios en el siglo veinte…? ¿Se perderán?

– Me he preguntado muchas veces, que durante generaciones se han escrito Diarios, especialmente por adolescentes, incluso las madres invitaban a que sus hijas e hijos los escribiesen. Quizás, para intentar entender mejor a sus hijos. ¿Cuántos diarios se habrán perdido, cuántos son considerados género menor, cuánto conocimiento de la realidad y del interior humano se habrá perdido, por no conservarse los manuscritos en bibliotecas públicas, cuántos en los senos familiares, se habrán transmitidos de una generación a otra, hasta perderse? ¿Lo mismo con las cartas…?

– ¿Cómo somos capaces de hacernos a nosotros mismos, lo que nos hacemos, cómo a otras personas? ¿Tanto bueno como malo? ¿El problema eterno del bien y del mal?

Estimamos que el bien es más grande y fuerte que el mal y la maldad, pero no podemos desestimar el poder del mal y la maldad. De que nosotros, cada uno, es capaz de hacer mucho bien y también mucho mal…

El error humano de nuestra época, al menos en Occidente, es que demasiados individuos y colectivos, han desestimado que el ser humano para realizar la bondad, no solo necesita conocimientos de filosofía y ciencias y tecnologías, sino que necesita admitir en la teoría y en la práctica una ética mínima universal, y una moral religiosa mínima universal. De este modo, junto con los Derechos Humanos de 1948 aplicados en todas las Constituciones del mundo se reducirían enormemente el problema del mal en el mundo…

No podemos olvidar que se dice que el uno por ciento de la población es sociópata, psicópata, por tanto, en circunstancias favorables, estas personas pueden realizar actos incomprensibles…

– Si yo fuese ateo o agnóstico o escéptico metafísico o religioso, no incentivaría el ateísmo o el agnosticismo, porque una ética mínima religiosa, racional y suficientemente bondadosa, es necesaria para que la sociedad se sustente, y los individuos y colectivos no caigan en enormes crueldades y violencias.

No indico que los ateos o agnósticos no respeten una moral mínima universal. Sino que personas sin una moralidad religiosa mínima, es más fácil que caigan en enormes errores morales,  porque solo tienen el freno de la ley, el freno de la moralidad, el freno de las buenas costumbres sociales, pero no el freno de la religión, que indica que tú, tú o yo de carne y hueso, si no nos portamos bien, podemos ir eternamente al infierno. Y ese freno es mucho freno, no podemos ignorarlo como concepto que es un escudo y defensa contra el mal y la maldad propia o de otros. Que mis actos, personales e individuales, un día serán juzgado por el tribunal de Dios, es un freno esencial para que las personas no caigan en el mal, al menos dentro del cristianismo.

¿Al final, el siglo veinte se llenó el mundo de campos de trabajo, concentración y exterminio, exterminio de muchos modos y maneras, sustentados esencialmente por dos regímenes sociopolíticos ateos?

El de Portoplano, pensaba en el presente y en el pasado, y sabía, que en todas las épocas, los librepensadores, no habían sido bien vistos, antes se sancionaba a aquellos que pensaban de un modo, ahora a los de otro, pero siempre las personas que solo desean ser libres en su pensar y en su conciencia y en su libre pensamiento y en su libre expresión de su pensamiento, intentando seguir la legislación vigente y la moral tradicional. Esas personas son sancionadas, invisibilizadas, cerradas sus posibilidades sociales y económicas, en casi todo el mundo. Aunque en unos lugares más que en otros. Esta es la realidad, y por eso, Juan de Portoplano, se había encerrado en una aldea desconocida, o en una ciudad olvidada, o en un barrio sin nombre del mundo…

http://twitter.com/jmmcaminero         © jmm caminero (30 octubre 2019-10 enero 2020 cr).

Fin artículo 1.950º: “Sermones I de Juan de Portoplano”.

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