(Antonio Serrano Santos) Me van a permitir, en este artículo,algunas referencias personales, porque lo veo conveniente para el tema de que trata.

Hoy he visto una fotografía de un grupo de personas de Caritas de la parroquia San Ramón Nonato, erigida durante su tiempo de obispo en Málaga,  que fueron a ver a Don Ramón Buxarráis a la residencia “El Buen Samaritano”, de Churriana. Estaba él en el centro de la imagen, con sus dos bastones en los que se apoyaba con dificultad, blanco el pelo y las cejas; una sonrisa amplia en medio de un mar de arrugas. Es cierto que la vejez,en la expresión de nuestra cara,en contraste con la imagen de nuestra juventud,   humanamente, es horrorosa; nos sorprende y duele, y sólo es atractiva cuando, cuando iluminada por una sonrisa, refleja sufrimiento y bondad.Esa atracción es la que sentí al ver la imagen de mi querido Don Ramón, que me llenó de inmensa ternura y no digo compasión porque no es digno de compasión, sino de admiración.

Un traicionero y grave infarto interrumpió su gran labor evangélica y humanitaria en Melilla con los ancianos, presos y ex-presos, jóvenes, sobre todo. Toda su vida de misionero fuera y dentro de España. Y ahora, con esa sonrisa, se estará diciendo, como San Fco. Javier: “ Morir ahora, cuando hay tanto por hacer”. “ Ya va a rendir su viaje la barquilla de Javier”, palabras del “ Divino Impaciente”, de Pemán. Decía Santa Teresita de Lisieux: No muero. Entro en la vida”. “Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra”. No se acaba nuestra lucha por el bien aquí en la tierra. Don Ramón seguirá haciendo, como todos nosotros, desde el cielo, lo que no pudimos hacer aquí en la tierra. Es el maravilloso dogma de la Comunión de los Santos., una oportunidad más que nos da Dios de hacer todo el bien que aquí no pudimos.Es la misteriosa y multiforme  sabiduría y misericordia de Dios.

Don Ramón me lleva unos pocos años. En diciembre cumplo 87. A él le debo haber escrito y publicado mis artículos hace más de diez años en los periódicos digitales alhaurindelatorre.com y malagaldia.es, y ahora en diocesismalaga.es. Insistió mucho, muchísimo, animándome cuando yo no sabía si podía o debía escribir o si merecían la pena mis modestos escritos.Llegó a decirme, en una ocasión: “ Me pregunto y te pregunto:  ¿Tú vives lo que escribes? Porque si lo vives, eres un santo y, si no, estás en camino de serlo”. Eso me hizo reflexionar y tomarme la cosa en serio, porque ojalá lo viviera totalmente, pero escogí “ el camino de serlo”, escribiendo y publicando. Y para ayudar a la Iglesia y a todos, despertando mi afecto hacia Dios y el de los que los lean”,como dice San Agustín en sus “ Confesiones”.¿ Para qué escribir, entonces? ¿ Por vanagloria? No hay otra intención ni vale la pena. Lo que uno es ante Dios, eso es.

He puesto dos imágenes de Don Ramón en este artículo. En una, todavía firme, valiente; compostura y aire misionero, sereno y dulce, mirada segura de buen pastor vigilante de sus ovejas. Una columna episcopal de la Iglesia. En la otra, humilde, arrugado, sonrisa medio triste y dulce, mirada viva aún. Inclinado en sus bastones, apoyando toda su vida, todo su peso y su historia en ellos como el buen pastor, viejo y cansado, que recuerda con añoranza a sus ovejas por las que dio su vida poco a poco, como un verdadero martirio, testimonial, tan valioso como el martirio cruento de los mártires.

“ Martirio es el dolor de cada día

si en Cristo y con amor es aceptado.

Fuego lento de amor que, en la alegría

de servir al Señor, es consumado”.

Dejó su obispado y se fue a vivir con los pobres y como ellos. Quiso y quiere pasar inadverido, olvidado. Que lo echen a la fosa común. Y no sabe que las palabras de Jesús, el Buen Pastor, siempre se cumple: “ El que se humilla, será ensalzado”. En la capilla del seminario de Málaga, hay una imagen del buen pastor con estas palabras para los seminaristas, escritas por San Manuel González, otro obispo buen pastor: “ Pastor bone, fac nos bonos pastores, animas pro ovibus ponere promptos”: “ Pastor bueno, haznos buenos pastores, dispuestos a dar la vida por las ovejas”.

Valga este modesto homenaje, tan merecido,con todo mi agradecimiento, a este buen pastor, como muchos que los hay, hoy que algunos pastores huyen y abandonan el rebaño, dejando al lobo que las disperse y devore, como asalariados, al que no le importan las ovejas, si no es que las explotan. “ El buen pastor da la vida por sus ovejas”.

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