Susana López Chicón: Aunque Luis era muy pequeño comprendía perfectamente que aquellas Navidades sus padres no tenían la alegría y la ilusión de otros años, pero en su mente infantil no era capaz de descifrar el porque no veía a su madre como otros años tan preocupada por la cena de Navidad y por comprar los ingredientes con los que preparar los ricos platos que presentaba siempre en la mesa, es más no recordaba a sus padres hablando del tema y cuando él exclamaba: “Me lo pido…”, cada vez que salía el juguete que deseaba en un anuncio televisivo, una sombra parecía cruzar el rostro de sus padres.

Los había escuchado cuchicheando cuando creían que él dormía y hasta le había parecido sentir llorar a su madre, pero al final el sueño le vencía y durante el día no notaba nada extraño salvo que ya o había golosinas ni dulces en la despensa y su mamá comentaba siempre que había olvidado algunas cosas en la tienda. Luis creía que su mamá estaba algo “viejita” porque todos los días faltaba algo en casa y siempre parecía haberlo olvidado en un descuido.

Aquella tarde mientras ponían el pesebre, le preguntó a su mamá si pondrían el buey y la mula en el Belén porque él había escuchado en la tele que esos animales no estaban cuando el niño Jesús nació. Su madre lo miró a los ojos y le contestó:

– Luis estos animales, digan lo que digan, siempre serán parte de la tradición, acompañan al niño y le dan calor, porque su pesebre es muy humilde y faltan muchas cosas, ellos con su compañía hacen que el niño no esté tan solito y le ofrecen lo mejor que tienen, lo mismo que los pastores y los Reyes y lo verdaderamente importante, es la ayuda y el cariño que le ofrecían al niño.

Luis quedó muy pensativo y miró a su madre a los ojos, mientras con mucho cuidado acercaba las figuras junto al niño.

– Los pondremos aquí mamá muy pegados a Jesús para que no pase frío y sepa cuanto lo quieren.

La madre no quiso intervenir aunque los animales estuvieran demasiado juntos porque vio muy resuelto y decidido a Luis que con mucha agilidad iba acercando el resto de las figuras hasta casi tapar la cuna.

Luis permaneció muy callado el resto del día y parecía absorto en sus cosas. Su madre no quiso darle importancia pensando que estaba muy entretenido en sus juegos y ese era el motivo de aquel comportamiento.

Cuando llegó la noche, lo acompañó a su cuarto y al taparlo y darle el beso, Luis se abrazó muy fuerte a su mamá mientras las lágrimas rodaban a borbotones por sus mejillas.

        ¿Que te pasa cariño?  Se adelantó a preguntarle su madre bastante preocupada por la reacción del niño.

        ¿Sabes mami? Hoy me he dado cuenta de cual es el verdadero sentido de la Navidad y no son los regalos que me traigan, sino el calor, la compañía y el cariño de quienes nos cuidan y protegen todos los días, lo mismo que la mulita y el buey. Eso es lo que Yo quiero estas Navidades para mi…que tú y papá me sigan dando calorcito y amor…

Su madre lo abrazó muy fuerte mientras trataba de disimular la profunda ternura que aquellas palabras le habían causado. Su pequeño Luis también era para ella el mejor de los regalos…