(Antonio Serrano Santos) Con ocasión del nuevo rumbo que, por ahora, va a tomar la investigación de Fernando José Garcia Echegoyen, mi muy querido, admirado y buen antiguo alumno mío, y lo vuelvo a repetir, voy a comentarlo para intentar hacer ver la gran, yo diría máxima, importancia del misterio con el que se va a enfrentar. Ya que tanto le obsesionan, le apasionan, los misterios del mar, en la superficie y en sus profundidades.

Asegura él, tan modesto como sincero: …” tiene usted el don de hacerme pensar en el tema religioso”. Porque en su sencillez y clara veracidad, cualidades de las personas verdaderamente inteligentes, sin complejos ni diatribas a otras opiniones, que no es, lo que suele decirse, religioso. Así lo reconoce. De ahí que tomó la decisión de dedicar una de sus investigaciones a este tema, pero desde el punto de vista de su competencia y afición: los casos de apariciones de imágenes de Cristo crucificado a través del tiempo, en el mar. Algo que le atrae, y nos sorprenderá y apasionará a todos sus seguidores, tanto, o más, que en sus anteriores intervenciones en Cuarto Milenio. Y aseguro que no exagero.

Si los casos que ha expuesto y comentado con imágenes, documentos, unas veces, reales; otras, de ficción o recreación, todos van rodeados de un halo de misterio, en estos otros, el misterio, con leyenda o sin ella, va a superar todas las expectativas, las nuestras y las del mismo Fernando. No hay más que ver las pasiones, el interés, a favor y en contra, que suscita el tema religioso en todos los ámbitos de la vida social. Y es que, se quiera reconocer o no, se cumple la profecía del anciano Simeón a la pareja de jóvenes judíos que llevaron a su bebé para presentarlo en el templo a Dios: “ Este niño será blanco de contradicción…y para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”. Blanco o signo de contradicción, es decir, tendrá a favor y en contra generaciones enteras. Ya lo dijo El: “ cuando sea levantado en alto( la cruz), atraeré a todos a mi”. La Historia lo confirma.
Ya Fernando, en fb, ha adelantado lo suficiente, con algún ejemplo, de tal modo que ha despertado comentarios y deseos a favor, hasta ofrecerle numerosos ejemplos de casos que son una maravilla histórica, un testimonio, unas veces de fe, otras, mezclado de leyenda, pero de verdadero interés científico, humano, que infunde respeto, admiración y amor por la belleza artística de algunos, y fe religiosa. Un tema tan profundo y misterioso que nunca se acaba.

No hay nada más trascendente, importante y necesario en la vida humana, como el por qué de nuestra existencia, de nuestro origen y, más aún, de nuestro destino. Y no vale esconder la cabeza, como el avestruz, debajo de las alas, para no verlo ni preocuparnos de eso, porque lo vemos y tenemos en nuestro interior. Es la pregunta que no puede responder la ciencia y que la religión sí tiene la respuesta. Digo religión, no fanatismo religioso, violento, imposición. Religión, cuya esencia es el amor, la paz, la tolerancia. Pura y simple religión, basada en la razón, en la historia, completada por la ciencia, la arqueología, la paleontología…y, me refiero a la católica. Y, cosa muy curiosa y significativa, con sus milagros, que sólo se dan en la religión católica, sin que esto suponga menosprecio a las demás. Se crea o no, ahí están los casos estudiados por médicos, creyentes o no, en la Clínica Internacional de Lourdes, como el caso que presenció el Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, ateo, luego, católico. Y otros muchísimos casos como los que han motivado la canonización de personas, por su intercesión en curas inexplicables. Por poner algún ejemplo.

¿ A cuento de qué viene esto último, si tratamos de los crucifijos aparecidos en el mar, en los mares? Para que sepamos distinguir lo que parece pura casualidad, azar, de lo que podría ser un milagro. Fácilmente llamamos milagro a muchas situaciones, sin que lo sean. Decimos, ante un accidente del que alguien se libra:”¡ Se ha salvado de milagro! “Y otras expresiones parecidas. Pero hay otros casos que sí lo son, al menos, son inexplicables, y para los que tienen fe en ellos. Dije antes que había que distinguir en las apariciones de crucifijos, entre milagro y causalidades o azar. Bien. El catedrático y economista, ( ex-comunista) Ramón Tamames. En una obra reciente, dice rotundamente: “ Es imposible que la grandiosidad del Universo y la existencia del hombre se deba al azar”.” Y la ley de probabilidades no sirve”.” Si yo bombardeo el Sahara con un millón de letras, nunca se formará el “ Quijote”.” Yo intuyo en ellas la presencia de Dios”.

De ahí que, si el universo y la misma existencia del hombre, no se deben al azar, quiere esto decir que todo el universo y lo que contiene, que es universo, todo lo que se da u ocurre en él, tampoco se debe al azar. Entonces tenemos que la aparición de crucifijos en el mar puede que no sea milagro, y puede que algunos, sí; pero tampoco será todo puro azar.

Todo lo que ocurre en el universo y la misma existencia y acciones humanas, no es que esté predestinado, como dicen algunas ideologías y religiones, porque sería privar al ser humano de libertad. Seríamos robots. Según Tamames, y otros muchos pensadores, Dios es la causa o autor del universo y del hombre. Tiene que saber el curso y marcha de la Historia, como un fabricante conoce perfectamente lo que ha fabricado, su función y uso o destino. Pero en Dios, saber no quiere decir intervenir en su obra paralizándola o destruyéndola, como no lo haría un fabricante, sino dar, desde el principio, una fuerza de orientación hacia la perfección de su obra, según sus planes, respetando la libertad del hombre. La naturaleza sigue sus leyes, aunque puede alterarlas, según sus planes, como el milagro. Pero el hombre es libre de colaborar o no en esos planes. En la naturaleza hay cosas que son buenas y hasta necesarias, como el agua, el aire y frutos de la tierra; por lo que esa inteligencia causante de todo no es solamente inteligencia, sino también bondad.
Los crucifijos son la máxima expresión de bondad, de amor y perdón. Y nadie, con un mínimo de cultura y sentido común, puede juzgarlos como otro símbolo que no sea ese. Por eso, con fe y sin ella, dentro de lo que tienen de misterio y trascendencia, tanto en los mares como en tierra firme, son el más vivo ejemplo de que el dolor y la muerte adquiere su sentido, no en esa imagen de Cristo crucificado, que no es definitiva, sino en la imagen posterior, la que la iconografía cristiana, católica, de la Resurrección, hace completar su sentido final. El destino no es el dolor y la muerte, sino la vida eterna, la resurrección. Eso es lo que intuimos cuando vemos, muchos, un crucifijo flotando, a la deriva, por los mares. Pero, en realidad, no va a la deriva. No es por pura casualidad o azar. Eso lo intuyen muchos, como Tamames intuye la presencia de Dios en la grandiosidad del universo y en la existencia del hombre.

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