(Antonio Serrano Santos) Hay un cante de nuestra tierra, que no sé si es fandango o petenera, por su tono tragicómico, y dice así:

“Cada vez que considero

que me tengo que morir

tiendo la manta en el suelo

y me harto de dormir”.

 

La filosofía del pueblo andaluz, cuyo máximo exponente es el  filósofo cordobés Séneca, es seria, humorística, y hasta cómica, con una buena dosis de epicureismo o hedonismo. Materialista y espiritual, en una mezcla paradójica. Religiosa hasta el fanatismo, muchas veces, y lleva en la sangre bastante de la herencia del fatalismo árabe.

A pesar de la influencia del postmodernismo, de la invasión de las culturas europeas, americanas, asiáticas y africanas traídas por los turistas y emigrantes, todavía no ha sacudido, del todo, su mentalidad  senequista y las costumbres  asimiladas de los pueblos invasores.

Canciones y cantes de amor y muerte, celos, odios y venganzas., que hacen estremecer, sonreir o quedar perplejos a los extranjeros ,y a nosotros, los andaluces, nos llegan al alma,  y nos hace participar de la misma emoción y sentimientos del cantaor o de la cantante.

A veces, tienen una nota de simpatía, de irónica  y ficticia tragedia o drama:

 

“En un barquito los dos,

veneno que tú me dieras,

veneno tomaba yo”.

 

A veces, describe un conflicto moral:

 

“Por Dios, que me vuelvo loco.

No respondo a mi conciencia

ni a mi corazón tampoco.

A Dios le pido clemencia”.

 

Y lo humorístico-erótico:

 

“El médico me ha mandado

dormir con una morena.

¡Qué médico tan amable

y qué medicina tan buena!”

 

Y la que se clava en el alma, que por eso se llama saeta:

 

“ Por la calle La Amargura

viene Jesús Nazareno.

Con el cuerpo dolorido

y la cara de Dios bueno”.

 

O exalta, con gran sabiduría, la amistad:

 

“ El amigo verdadero

ha de ser como la sangre,

que acude siempre a la herida

sin esperar que la llamen”

 

 

 

La muerte y la siesta tienen muchas connotaciones. En la Roma clásica, los nobles,( la plebe, rara vez), dormían la sexta. Es decir, a la hora sexta. Dividían el día en horas: Prima, tercia, sexta, nona. Desde la madrugada hasta el atardecer. Después de la comida, dormían. De ahí viene el dicho latino:” Post prandium, dormire; post cenam, deambulare”: “La comida, reposada y la cena, paseada”, que dicen nuestros abuelos. Ese es el origen de nuestras largas siestas, sobre todo en verano.

Dormitorio viene de la palabra “coimeterio”, de origen, más bien, griego, que hoy se tradujo por “cementerio”. Lugar donde duermen los muertos. El griego y el latín se mezclaban bastante, como hoy, el inglés y el español.

Lo mismo que se tiene que despertar del sueño, por ejemplo, en la siesta, se definió el cementerio como dormitorio, porque, a raíz del cristianismo, la muerte no era definitiva; se creía en la resurrección de los muertos, que se despertarían del sueño de la muerte. Ya Jesús dijo a sus discípulos, hablando de su amigo Lázaro:” Lázaro duerme”. Ellos dijeron, deseando no ir a Betania por temor a los que querían matar a su Maestro: “Señor, si duerme, ya despertará”. El cortó diciendo: “Lázaro ha muerto. Y me alegro por vosotros, para que creáis”.

Si observamos con mucha atención las lápidas de nuestros cementerios, hay inscripciones que nos hacen pensar, y mucho. Yo vi una de un amigo mío, poeta aficionado, que decía:

 

¡ “Qué bonito es el vivir

si se tiene la esperanza

de que, al morir, como la primavera,

todo volverá a resurgir”!

 

Un conocido periodista y escritor, diez años atado a una máquina de diálisis, tres veces en semana, que cada vez que le ofrecían un riñón lo dejaba a otros, murió diciendo: “Dios mío, quiero ayudarte”. Y dejó unos versos, antes de morir, ( era poeta, también, y muy bueno), de los que entresaco una estrofa:

 

“ Morir sólo es morir.

Morir se acaba.

Morir es una hoguera fugitiva.

Es cruzar una puerta a la deriva

y encontrar lo que tanto se buscaba”.

 

No sé si recordaréis a aquel curita rechoncho y bonachón que en la mañana de los domingos hablaba en la primera cadena: José Luís Martín Descalzo.