(Jacinto Martínez) En este país, los políticos, iba a decir nuestros políticos, pero no son nuestros porque cada vez son más sólo de ellos mismos; los políticos decía, tienen cada vez menos formación y menos vocación de servicio público. Por eso tienen que sustituir los valores, de los que carecen, por el relato; es decir, deciden contarnos un cuento, por supuesto sin moraleja, a luchar por los valores esenciales que siempre han sido puntales de las sociedades civilizadas. Han sustituido la acción política que lleva a solucionar los problemas de los ciudadanos, por una propaganda vacía susceptible de cambiarse según interese en cada momento.

Es de una evidencia palpable, tenemos un ejemplo muy cercano en el último intento de investidura, que no interesa gobernar el país, luchar por los ciudadanos, lo que interesa es quien figura en que puesto para obtener beneficios a cargo del erario público, sobre todo para obtener posiciones de poder que conlleven pensiones, a ser posible vitalicia. Poco importa que mientras tanto se aproxime sin control hacia una nueva crisis económica, o que el sistema de pensiones público, de quienes cotizan durante toda una vida, se vaya al garete.

Es del todo lamentable que en aras de este relato, es decir de este cuento construido por nuestros políticos, se permita, por ejemplo, aclamar como héroes y agasajar a terroristas que en cualquier país del mundo civilizado no saldrían nunca de la cárcel. O piensan que a franceses con el atentado de la sala Bataclan, a americanos con el 11-S, o a ingleses con el atentado del metro, se les ocurre, se les pasa por la imaginación, hacerles una fiesta a los terroristas responsables de los respectivos atentados. En estos países, nada sospechosos de antidemocráticos, esto es inconcebible, en el nuestro es habitual. ¿Qué pasa en nuestra sociedad?. ¿Qué pasa con nuestros políticos?. ¿Qué nos pasa a los ciudadanos que lo permitimos?.

¿En que momento han amansado, acabestrado, a un pueblo tan Bravo como ha sido tradicionalmente el español?. ¿Qué nos ha convencido para actuar como autómatas o como marioneta de los políticos, sin oponer la más mínima resistencia?. ¿Qué revulsivo necesitamos para reaccionar?, porque, a lo mejor de forma ilusa, me niego a aceptar que está todo perdido, que no tenemos solución.

¿Porqué nos compensa creernos el relato, el cuento que nos cuentan los políticos y sin embargo parece no interesarnos defender los valores básicos para nuestra convivencia?.

¿Porqué aquellos que defienden, o defendemos, la necesidad de estos valores, parecen predicar inútilmente en el desierto?. ¿Porqué consentimos pasivamente que nos sustituyan los valores personales y sociales por un relato inventado y cambiante, por un cuento?.

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