María Damiani: No sólo lo que piensas, pero también tus expectativas tienen un impacto sobre tu salud
Russ Gerber

Un profesor amigo mío contó la historia de otra profesora, recién llegada a la escuela, quien recibió un reconocimiento de parte de sus colegas por un sobresaliente logro de sus estudiantes. Al inicio del semestre las expectativas eran generalmente bajas para los estudiantes que le habían asignado, pero para el final del período de clases los estudiantes mostraron un cambio significativo.

Al final del semestre hubo una cena para los profesores y le pidieron que les contara a sus colegas el secreto. ¿Cómo era posible que sus estudiantes tuvieran un promedio de notas tan alto? Ella se sorprendió por el reconocimiento y confesó que había tenido un poco de ayuda. Antes de comenzar el semestre estaba en la oficina de administración y notó en un escritorio una lista con los nombres de sus estudiantes. Al lado de cada uno de sus nombres vio el CI de cada uno y quedó impresionada con cuán altos eran. No había ningún secreto en su método, dijo. Simplemente les enseño con total confianza que tendrían un buen desempeño, y no se sorprendió con el resultado.

Luego de la cena, uno de los administradores de la escuela se acercó a ella y la apartó para decirle algo sobre la lista que vio. Los números al lado de los nombres no eran el CI. Eran los nuevos números de sus casilleros.

Hay que darle el crédito al sorprendente poder de las expectativas, que también está en el título del libro de Chris Berdik, Mind Over Mind  [“La mente más allá de la mente”]. Berdik, un experimentado periodista que ha escrito sobre psicología y neurociencia, examina cómo nuestras expectativas pueden cambiar todo y ocasionar que reconsideremos nuestras creencias más fuertes sobre la educación, los deportes, la justicia penal y la salud.

Berdik lleva a sus lectores desde la historia de hace siglos hasta la investigación moderna sobre la imaginación, mesmerismo, magnetismo animal, creencias, fuerza de voluntad, placebos y nocebos. “No son una misma cosa”, escribe, “pero reflejan el hábito que tiene la mente de apresurarse a sacar conclusiones y el sorprendente poder que tienen estas conclusiones”.

Donde esto afecta radicalmente nuestra vida es la salud. “La intersección de expectativas y la salud es una de las cosas más fascinantes que investigué para el libro”, me dijo. “Busqué darle atención especial usándolo para introducir y cerrar el libro”.

Esto ocurre en un momento cuando los profesionales de la salud, los investigadores de la salud y el público en general están prestando mucha * atención* a la relación entre las expectativas y la salud. Ya no se trata de si dicha relación existe, sino de cuán cercana es.

Una gran cantidad de investigación sobre placebos y nocebos sugiere que existe una correlación directa. El tener esperanzas puede mejorar los resultados en la salud, mientras que no tenerlas tiene el efecto contrario. El temor a la enfermedad puede resultar un peligro para la salud de quien teme, mientras que una expectativa de bienestar puede traer alivio. Berdik apunta que la verdad es que “nuestro mundo real es un mundo esperado en muchos sentidos”.

Entonces, ¿qué determina nuestras expectativas? La mayor parte viene de la educación diaria, de lo que recibimos del ambiente intenso de medios de hoy en día y de los demás en cuanto a qué esperar en nuestras vidas.

Si ese flujo constante de información es implacablemente preocupante o desesperanzador es fácil sentirse agobiado con miedo e impotencia, que forman un estado mental poco saludable. “Por ignorar que la mente humana gobierna el cuerpo, su fenómeno”, escribe la defensora del tratamiento mental Mary Baker Eddy, “quizás el inválido añada, sin darse cuenta, más temor al reservorio mental ya desbordante de esa emoción”.

Es claro que existen buenas razones para poner atención a lo que ocupan nuestros pensamientos y da forma a nuestras expectativas, pero lo que se está descubriendo es cuán directamente esto puede afectar nuestro bienestar.

La salud y felicidad prosperan en una mentalidad pacífica y confiada, lo que podría explicar por qué la oración y meditación aparecen en recetas y encuestas nacionales como prácticas que promueven la salud. Los niveles de estrés se reducen, las funciones corporales muestran mejoría y el sistema humano regresa a lo normal: efectos colaterales mucho mejores de los que estamos acostumbrados a ver.

Lo que esto sugiere es que estamos menos indefensos al gobernar nuestra salud de lo que habríamos creído. Es cierto que no todos están de acuerdo sobre el importante papel de la conciencia sobre la salud, o sobre los beneficios que la elaboración puede traer al estado mental de una persona. Las expectativas de mejoras reales pueden ir desde funestamente bajas hasta tan altas como el cielo. Pero si es verdad que recibimos lo que esperamos, quizá sea hora de elevar nuestras expectativas.

Russ Gerber trabaja en relaciones con los medios y es maestro de la Ciencia Cristiana.  Se interesa mucho por el tema del cuidado de la salud y tiene un blog en  Huffington Post.

Este artículo se publicó originalmente en  Psychology Today