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FICHA ARTÍSTICA

Guitarra                          Dani de Morón

Bajo                                José Morón Posadas “Popo”

Compás y palmas          Los Mellis

          

INTUICIÓN Y SABIDURÍA

 Dani de Morón no sólo sabe. También intuye. Cójase, por ejemplo, su rondeña: la afición descubrirá en su paladar taninos de Ramón Montoya y colorantes de Paco de Lucía, pero nadie podrá discutirle su indudable sabor propio. El joven tocaor ha hecho sus deberes y conoce perfectamente su vigorosa y legendaria tradición local, en las manos californianas de Diego el del Gastor y los legítimos seguidores del toque a cuerda pelá. Si le escuchan acompañar a un cante o a un baile, ahí estará tal vez aquella tarde en que Manolo Morilla se negó a darle clases pero se arrepintió luego, el aprendizaje de la mano de Alfonso Clavijo. Ahí estará Morón, aunque sea escuetamente, como una pincelada en un fresco en el que, desde luego, priman otras escuelas y querencias, porque él mató hace mucho y sin complejos al padre de su guitarra. Ahí estará Morón, aunque sus dedos no se limiten a apoyarse en los bordones y a pesar de que sus manos limiten, en realidad, con Algeciras y con Sanlúcar, con Jerez y con Triana, con Django Reindhart, Pat Metheny o Big Bill Broonzy.

El suyo es un estilo sin ámbito, ubicuo pero con denominación de origen. Un toque mágico. A contracorriente, como el título de este primer disco, “Cambio de sentido”, en el que no suena intencionadamente el cante quizá porque su guitarra sea plenamente cantaora. Acompañado al bajo por José Manuel Posadas “Popo” y Manolo Nieto, con su sonido ronco y cómplice, la percusión virtuosa del Piraña, Ramón Suárez Escolar “Ramón Porrina” y Jorge Pérez. Mucho cajón, pero sobre todo mucho compás. Como el que añaden, a las palmas y al jaleo, los siempre eficaces Carlos Grilo, los Mellis y el Bo.

Daniel López Vicente (Sevilla, 1981) cree en la decantación. De la vida y del arte. De ahí que en su debut discográfico su inteligencia remasterice partituras suyas de hace nueve años, de cuando data el espectáculo “Inmigración”, de Angeles Gabaldón, para quien compuso las piezas que cierran su primer cedé. No hay belleza sin compromiso y esa cara y cruz podrán encontrarla en esta moneda difícil de falsificar.  Muérdanla. Presten, por ejemplo, oído a su desparpajo y frescura recién salidos del horno, como las evocadoras bulerías con las que abre boca en esta grabación como un viaje íntimo y colectivo hacia su propia memoria personal. Adéntrense en la ironía por seguiriya que titula “Morón D.F.” y en la solemnidad escalofriante de su soleá. Hay soniquetes cuyo engarce ancestral resulta difícil de rastrear, como ocurre con el que presta título al conjunto. Sin embargo, los tangos se abren paso con descaro, entre acordes con tanta fuerza como carga melódica, glissandos cuya estampida contiene con la brida de su inteligencia y falsetas como palabras que construyeran un claro discurso; el de un músico cuya mejor arma es la paciencia y que no tiene prisa por entrar en la historia, quizá porque presiente que ya está en ella. Y tampoco ese albur parece importarle demasiado.

 

 

Juan José Téllez

                                 

 

 

DANI DE MORÓN

Daniel López Vicente nació en Sevilla el 6 de septiembre de 1981, aunque toda su vida ha residido en la localidad de Morón de la Frontera. A los doce años se matricula en el conservatorio municipal de música de esta localidad, con la intención  estudiar piano, pero termina optando por la guitarra. Al ser Morón un pueblo en el que la guitarra flamenca ha tenido y sigue teniendo una gran tradición y hasta su propia  “denominación de origen”, empieza a sentir el gusanillo del flamenco y a plantearse la necesidad de buscar un maestro que le descubra y enseñe las claves de este instrumento. Por esa razón quiso tomar clases con Manolo Morilla -uno de los maestros locales más importantes junto a Diego del Gastor- pero su avanzada edad, lo haría delegar dicha responsabilidad en su alumno Alfonso Clavijo. Sin embargo, al poco tiempo el propio Manolo Morilla consciente de su talento natural, se entusiasma con un joven en el que cree ver a una futura promesa de la guitarra flamenca y sin darle oficialmente clases, comienza a visitarlo todos los días para seguir sus evoluciones.

Llega así el momento de empezar a investigar y desarrollar el acompañamiento a los primeros cantaores, se producen los primeros contactos con peñas flamencas de las cercanías y comienza a advertir una gran necesidad, la de aprender a tocar para el baile.

De este modo la academia de Matilde Coral pasa a convertirse en su segunda escuela y el bailaor Manuel Corrales, El Mimbre, y el cantaor Curro Fernández en sus principales maestros. Comienza así a compaginar el toque para el baile con la composición y el toque de concierto, labor que lo lleva a visitar los más importantes concursos de guitarra flamenca de España y a cosechar premios tan importantes como los de Hospitalet, Calasparra (Murcia) o el de la Federación de Peñas Flamencas de Sevilla y a ser finalista de concursos tan prestigiosos como el de Las Minas de La Unión y el de la Bienal de Flamenco de Sevilla en el año 2002.

Toda esta experiencia previa abrirá a Dani de Morón el circuito de las grandes compañías de baile de la mano de Antonio Canales y Javier Latorre. Poco tiempo después recibirá su primer encargo para componer la música del espectáculo Inmigración de la Cía. de Ángeles Gabaldón por la que recibirá el elogio unánime de la crítica nacional. Durante un tiempo continúa siendo muy demandado por los más importantes bailaores y bailaoras del momento: Manuela Carrasco, Javier Barón, Joaquín Grilo o Rosario Toledo, entre otros.

Tiempo después decide aparcar el toque para el baile y centrarse en el acompañamiento al cante en el que empieza a secundar habitualmente a voces  como las de Tomasa la Macanita, el Potito, la Susi, Guadiana, Montse Cortés, José Mercé o Arcángel, lo que también le valdrá el reconocimiento de la crítica y el Premio Flamenco Hoy al mejor acompañamiento al cante por el disco Ropavieja. Comienza así una nueva etapa mucho más ecléctica en la que será demandado por artistas como Concha Buika, Victoria Abril y Ojos de Brujo.

Sin embargo, el espaldarazo definitivo le llega al ser solicitado por el maestro Paco de Lucía para que lo acompañe como segunda guitarra en la gira del disco Cositas Buenas, experiencia que le abrirá una nueva dimensión y lo catapultará a la primera línea de la guitarra flamenca.

Inmerso en la grabación de su primer disco en solitario, decide unir su talento con el del guitarrista jerezano, Alfredo Lagos, para montar “12 Cuerdas” un concierto de guitarra solista que ha sido denominado por la crítica como el mejor concierto de guitarra flamenca del año 2011.

Después de la experiencia acumulada y el aprendizaje en su propio estudio y en las grabaciones junto a Isidro Sanlúcar decide dar el paso definitivo y producir su primer disco en solitario. Una opera prima en la que no ha recopilado y registrado composiciones realizadas durante los últimos nueve años, sino que haciendo buen uso de su inteligencia, sensibilidad y talento, les ha sabido dar un sentido global para finalizar una obra que le está valiendo el elogio unánime de crítica, público, así como de los propios guitarristas. Todo ello en un momento especialmente dulce de su carrera, en el que acaba de ser distinguido con el Giraldillo del toque de la XVII Bienal de flamenco de Sevilla. Premio que se le ha concedido ex aequo junto a Antonio Rey.

Así pues, Dani de Morón, ha abierto definitivamente la frontera de su sonanta a  una etapa en la que la técnica, la armonía y las afinaciones ocupan un papel tan importante como el tradicional toque a cuerda “pelá” y el abundante uso del pulgar sobre las graves en el que se educó siendo un niño.